Romanticismo musical: compositores y características

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"Romanticismo" es uno de los términos más profusamente utilizados en la historia de la música, principalmente para referirse a la música de arte compuesta durante el siglo XIX. La variedad de los contextos en los que aparece, usado indiferentemente como categoría estética, historiográfica e incluso sociológica, hace difícil su definición. Por eso, el primer objetivo de este tema será justamente diferenciar esos usos, fundamentalmente en dos perspectivas: el de la estética, entendiendo el romanticismo como un movimiento de especulación filosófica y el de la relación entre cultura y composición musical, destacando algunos de los temas románticos que tuvieron mayor fortuna a lo largo del siglo XIX.

A partir de la Escuela de Jena, considerado el núcleo generador del romanticismo, las ideas románticas se extendieron por toda Europa, integrándose en las realidades culturales concretas de cada país, así como en los debates artísticos. La difusión de las ideas románticas tuvo como consecuencia un cambio fundamental de paradigma que transformó el estatus de la música, así como el de los músicos, con relación a épocas anteriores.

 

Música de cámara en el romanticismo
Grün - Música de cámara en el romanticismo

 

Principalmente la música instrumental pasó a ser pensada como arte autónomo capaz de expresar lo inefable y el compositor comenzó a ser visto como el genio intermediario entre la audiencia y el mundo espiritual al que daba acceso cada obra musical. La emancipación de la música con respecto al paradigma verbal de la retórica, fue posible gracias a la adopción de un nuevo paradigma, que podemos calificar de organicista, cuya característica estética principal es la valoración de los principios de unidad y coherencia en la obra musical.

Además, el romanticismo, a partir de la Escuela de Jena, privilegió ciertos temas de estudio que se transformaron en tópicos culturales adoptados por los artistas del siglo XIX, escritores, pintores y músicos. Entre todos ellos, destacan, por su popularidad, la historia, el folclorismo, el exotismo y el pintoresquismo, temas en algunos casos relacionados entre sí que proporcionaron el asunto central para sus obras a numerosos compositores. Aunque podemos encontrar las raíces de todos ellos en el siglo XVIII, fue con el romanticismo que adquirieron una poderosa carga simbólica como visiones idealizadas de los ‘otros’.

 

Compositores

Algunos de los compositores del romanticismo más importantes fueron:

  • Chopin
  • Liszt
  • Schubert
  • Schumann
  • Mendelssohn
  • Berlioz
  • Wagner
  • Paganini
  • Verdi
  • Brukner

 

Obras

Algunas de las obras más famosas del romanticismo son:

  • Nocturnos de Chopin
  • Estudios de Chopin
  • Sinfonías de Bruckner
  • Novena sinfonía de Schubert
  • Sinfonía fantástica de Berlioz
  • La campanella de Liszt
  • Concierto en La menor de Schumann
  • El anillo del Nibelungo de Wagner

 

Los orígenes del Romanticismo

Una limitación del concepto de Romanticismo al ámbito de la estética podrá ayudarnos a entender los efectos fecundos que la especulación filosófica tuvo en la vida cultural y social del siglo XIX. Así que, antes de pasar a referir los asuntos que preocuparon a la generación romántica y que determinaron la manera de entender la música a lo largo del siglo XIX, deberemos distinguir muy claramente los tres ámbitos principales en los que nos podemos encontrar el concepto de romanticismo: la filosofía, la creación artística y la vida social.

El Romanticismo como movimiento filosófico está claramente identificado con la producción intelectual de varios pensadores alemanes, cuyas primeras obras fueron publicadas a finales del siglo XVIII. El núcleo generador de las ideas románticas fundamentales es conocido como la escuela de Jena y surgió hacia 1796 en torno a los hermanos August Wilhelm Schlegel (1767-1845) y Friedrich Schlegel (1772-1829). Ambos, y sobre todo Friedrich, establecieron lazos de amistad con algunos de los autores de los textos fundamentales de la escuela romántica: Ludwig Tieck (1773-1853), Friedrich von Hardenberg, conocido como Novalis (1772-1801), Friedrich Schleiermacher (1768-1834) y Friedrich W. Schelling (1775-1854).

Otros autores, sobre todo Wilhelm H. Wackenroder (1773-1798) y Friedrich Hölderlin (1770-1843), aunque no llegaron a estar integrados plenamente en el denominado grupo de Jena, mantuvieron relaciones con sus miembros y contribuyeron a la fijación y difusión de las ideas románticas. Éste fue el primer grupo constituido y asumido como movimiento estético- literario, que había llegado a fundar un órgano de divulgación impreso: la revista Athenaeum (1798-1800), donde todos colaboraron. Hacia 1800 el término romántico estaba ampliamente difundido en Alemania, donde se fueron formando otros grupos que completaron en cierta manera la actividad de la escuela de Jena.

 

revista Athenaeum

 

Destacaremos, todavía, por su importancia para la música, el denominado grupo de Heidelberg - donde se integran los hermanos Grimm, Clemens Brentano y Achim von Arnim - y el grupo de Berlín, donde encontramos a E.T.A. Hoffmann (1766-1822). Debemos, todavía, distinguir la producción de otros dos autores fundamentales para la historia de la estética que, si bien no pueden ser considerados como plenamente románticos, fueron ampliamente influidos por la escuela romántica: G.W.F. Hegel (1779-1831) y Arthur Schopenhauer (1778-1860). Éste último, aunque no fue muy leído en su época, tuvo una influencia enorme a partir de la segunda mitad del siglo XIX y que puede ser rastreada hasta el modernismo.

La divulgación de los textos de los primeros autores románticos, que principalmente abordaron asuntos filosóficos y filológicos, tuvo efectos en el ámbito de la creación artística, comenzando por la literatura, en Alemania y en el resto de los países europeos. Debemos distinguir esos efectos de la difusión del romanticismo como escuela de pensamiento, que durante la primera mitad del siglo XIX se limitó prácticamente a Alemania. Se puede destacar la influencia que algunos textos de autores del primer Romanticismo o de trabajos divulgadores del romanticismo alemán tuvieron en los debates artísticos.

Es habitual referir el lapso de tiempo existente entre la publicación de los primeros textos que abordaron la música desde una perspectiva romántica (por ejemplo, los ensayos de Wilhelm H. Wackenroder fueron publicados en 1797 y 1799) y las primeras obras musicales que podemos considerar románticas (por ejemplo, los primeros lieder goethianos de Schubert, señalado por Benedetto, 1987, p. 7). Sin embargo, ese lapso corresponde al proceso de asimilación de las ideas fundamentales de la estética romántica por la creación artística.

Además, se debe tener en cuenta que la divulgación de las ideas románticas de origen alemán en otros países europeos vino al encuentro de una nueva sensibilidad expuesta en algunas obras bastante significativas publicadas ya en la primera década de 1800, y hasta en fechas anteriores en ciertos casos sobre todo en Inglaterra. Así, aunque el debate provocado por la divulgación del romanticismo, y el propio término, conociese su difusión hacia 1815, éste conectó con una nueva manera de estar que venía siendo expresada desde años antes. Por ejemplo, en Francia, Italia y España esa divulgación se realizó a través de discursos sobre literatura en esas fechas.

No es por tanto extraño que la llegada del término a los textos de crítica musical, y a la propia creación musical, fuese posterior a la utilización del término en el nuevo sentido dado por la escuela de Jena. A partir de la década de 20, la divulgación del romanticismo se confunde con los debates entre clásicos y románticos, distribuido cronológicamente en varias polémicas, entre las que se suele destacar la protagonizada en 1830 por Victor Hugo con motivo del estreno teatral de su Hernani.

El término acabó saliendo también de los discursos sobre la creación artística, para empezar a ser utilizado en otros ámbitos de la vida social, con una fortuna que podemos rastrear hasta nuestros días.


 

El paisaje musical romántico: pintoresquismo y exotismo

Los orígenes del término pintoresco remontan al siglo XVIII, cuando se utilizó para designar un tipo de belleza particularmente apropiado para la pintura que, desde entonces, se identificó con la naturaleza. La categoría de pintoresco surgió como consecuencia de mirar el paisaje con criterios prestados de la pintura. Lo pintoresco nació como categoría para nombrar la experiencia estética que no podía ser nombrada con términos como sublime o bello.

Además está asociado al interés, que se prolongaría después del romanticismo a lo largo del siglo XIX, por los viajes y por las culturas diferentes de la propia. Para ser pintoresco, un paisaje debía presentar evidentes contrastes, variedad, una cierta irregularidad en sus componentes. Un término asociado a pintoresco es el adjetivo característico, que es una categoría plenamente romántica utilizada de manera bastante profusa en la creación musical. Lo característico se opone al concepto de belleza ideal, designando aquello que es peculiar de una cosa, que lo individualiza, y que, por tanto, se distingue de su representación abstracta.

Aunque ambos términos aparezcan asociados a la pintura de paisajes o de escenas de género, habiendo sido transferido para diversos géneros musicales descriptivos, lo pintoresco debe ser distinguido de lo sublime, así como de lo exótico. De lo sublime se distingue por la idea de grandeza que se asocia a este concepto: para convertirse en sublime, un paisaje debe impresionar porque se le pueden asociar las metáforas de poder irresistible, de enormidad, de fuerza indomable.

 

Temas románticos

Los músicos del siglo XIX compartieron con sus colegas literatos y pintores muchos temas, lo que es habitualmente entendido como resultado del deseo de establecer puntos de contacto entre las diversas artes. Intereses ya existentes en los textos de los primeros románticos, como el simbolismo encontrado en la naturaleza, la atención dada a la infancia, el gusto por lo diferente y exótico o la pasión por el pasado se reflejaron de diversas maneras en la producción musical occidental a lo largo del siglo. Entre todos ellos, destacaremos tres temas que permanecieron a lo largo de sucesivas generaciones de compositores: el folclorismo, la subjetivizazión del paisaje y el historicismo. No obstante, es preciso no perder de vista que estos temas aparecen habitualmente entrelazados y combinados en las obras del Romanticismo. Abordaremos también la transformación del culto del sentimiento y del individualismo en temas poéticos típicos del Romanticismo.

 

El individualismo

El Romanticismo se define, todavía, por la importancia del individualismo. El descubrimiento de la identidad individual se convirtió en un elemento definidor del movimiento, coincidente con la pérdida de las raíces tradicionales provocada por la industrialización y el creciente proceso de urbanización. El individualismo se cristalizó en una serie de ideas recurrentes, muchas de las cuales son todavía comúnmente aceptadas en nuestros días: la idea de que la adolescencia es la época de la rebelión, o de que los gobiernos deben servir para servir a los indivíduos que los han creado. Un ejemplo clásico de tipo literario caracterizado por vivir moldando el mundo según sus propios deseos y rechazando todas las reglas sociales, particularmente las morales, es Fausto. Inspiró, entre otros, a los compositores Berlioz, Schumann, Gounod y Boito.

El culto ficcionados a los héroes es uno de los legados más persistentes del Romanticismo. El tipo del héroe romántico fue un tópico originalmente codificado en la obra y en la biografía de Lord Byron. Él proporcionó el modelo del héroe rebelde, sujeto a violentas pasiones, consciente de sí mismo y de su identidad única, habitualmente condenado a expiar alguna falta de carácter moral cometida en la juventud para acentuar su aislamiento social. El tipo literario tuvo también influencia en la composición, tal como se ilustra a través de las adaptaciones musicales de las obras de Byron. Son ejemplos de esto Harold en Italia, de Berlioz, y la Sinfonía Manfred, de Tchaikovsky.

(extracto de apuntes de Ha y Ciencias de la música, autor: Teresa Cascudo)

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