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Elisa Rapado Jambrina

Docente, musicólogo y pianista acompañante

Clásica

"Kunst ist schon. Macht aber viel Arbeit". Karl Valentin

"El arte es hermoso, pero nos da mucho trabajo". Karl Valentin. 

La pianista Elisa Rapado descubre muy pronto su pasión por el acompañamiento vocal. Tras su primera colaboración en 2009, por la que recibieron un premio de Juventudes Musicales de España, la zamorana actúa regularmente a dúo con la mezzosoprano Pilar Vázquez. Con ella ha participado en numerosos recitales a lo largo de los últimos años en diferentes ciudades españolas (Cádiz, Sevilla, Valencia, Zaragoza, León), en conciertos para la Asociación Wagneriana madrileña (en Madrid y Berlín), la inaguración del ciclo La Infancia y la música de la Fundación Juan March, el Centenario de la Asociación Wagneriana de Madrid, el Auditori de Barcelona, la Quincena de San Sebastián, el Museo del Prado o el Festival Schubertiada de Vilabertran. Sus numerosas actividades -artísticas, formativas o didácticas- pueden seguirse en la página duopilarvazquezyelisarapado.blogspot.com. 

Además de haber acompañado numerosos recitales vocales (Marta Arce, Isabella Amati, Marianne Seleskovitch) y las últimas clases magistrales impartidas por Teresa Berganza en la Fundación Eutherpe, Elisa Rapado es profesora de piano y repertorista del Conservatorio de Música de León desde 2002. Allí ha acompañado y contribuido a la formación vocal de músicos como Adolfo Muñoz, María Jesús Gerpe, Adriana Viñuela o Juan Antón. Ha participado como pianista acompañante de canto en el Curso Internacional Cordes et Pics, en Les Karellis (Francia). A partir de 2012, colabora como repertorista en los cursos vocales de la profesora Nuria Blázquez y acompaña algunas clases de la eminente mezzo Brigitte Fassbaender. 

Colaboradora habitual de Scherzo y Diverdi, ha escrito notas al programa para el Teatro Real o el ciclo “Grandes Pianistas” de Scherzo (Madrid) y pronunciado conferencias para la Escuela Superior de Canto o la Asociación “Amigos de la Ópera” de Madrid. 

La zamorana se inicia en la música en el ámbito familiar. Entre 2000 y 2004 se licencia en Historia y Ciencias de la Música en la Universidad de Salamanca, obtiene los títulos superiores de piano, cámara y acompañamiento y cursa un máster de música de cámara con Georgi Fedorenko en la Academia Gnessin de Moscú. La influencia de Thomas Quasthoff y Wolfram Rieger es fundamental en su decisión de consagrarse al acompañamiento vocal. 

Elisa asiste ocasionalmente a clases de perfeccionamiento en Londres con Julius Drake. Durante los últimos años ha sido becada para participar en los cursos de Lied de los festivales SchubertInstitut Wiener Meisterkurse (Austria), Schleswig-Holstein (Alemania), Schubertiade de Schwarzenberg (Austria) y Oxford Lieder (Inglaterra) donde ha recibido consejo de muchos experimentados liederistas. 

¿Y todo esto de qué sirve? 

Os añado este párrafo porque estoy un poco cansada de las biografías convencionales, concebidas como una larga e ininterrumpida encadenación de éxitos y logros. No, yo como la mayoría de los músicos, podría escribir tres líneas de rechazos o dificultades por cada una de las líneas que recogen éxitos. Me parece importante reconocerlo y más en estos tiempos en los que la mayoría de las personas jóvenes con buenos proyectos, ideas y energías encuentran tantas dificultades para hacerlos realidad. 

En mi formación inicial, comenzada en un coro polifónico formado en torno a nuestra familia, se me permitió todo: cantar y tocar a la vez, quitar notas a acordes y tocar música sin referencia de partituras. Nada formaba parte de un plan preconcebido, pues mi historia musical es también la de mis padres: son dos grandes aficionados a la música, que respetaron mis cualidades sin saber o querer poner puertas al campo. El descuido y el desorden caracterizaron, pues,  mi infancia y adolescencia, lo que me dio algunos problemas cuando quise convertir ese estudio en algo organizado y académico, pero también una gran capacidad para asumir el error y la improvisación como parte de la música y transmitirlo a mis alumnos. 

Durante años me resultó difícil encontrar algo que diera salida a todos mis intereses al mismo tiempo: el piano, la música de cámara, la literatura, la cultura clásica, los idiomas.. todos ellos me llamaban enormemente la atención. Dudé que algo lo compaginase todo, pero finalmente una vocación les dio el cauce definitivo: El Lied, the Art Song, el acompañamiento de canciones líricas. 

Como tantos músicos y personas tengo muchísimo que agradecer a mis queridos maestros, tanto en el plano artístico como en el personal. En mi trabajo como docente veo que sólo en el esfuerzo personal y el autoconocimiento veradadero, sin excusas, se encuentra el aprendizaje. Por eso valoro tanto aprender de la propia práctica, la experiencia interpretativa y las ideas que surgen del contacto con otras formas de hacer música. Es una suerte poder decir que a diario cuento con una inestimable ayuda para esto: mis alumnos del conservatorio de León: De sus talentos, constancia, interés, esfuerzo y afecto (también de sus apatías, desilusiones, problemas y dificultades) aprendo cada día. También de mis inspirados colegas del oficio (sí, de los más jóvenes también y especialmente), de los amigos y de las personas implicadas con las manos y espíritus bien enfangados en construir un mundo más justo, un mundo que sea digno de la música que inspira. 

Tanto en mis interpretaciones como en mis clases, mi objetivo es encontrar en cada partitura el mejor equilibrio posible entre el compositor y yo (o "nosotros"), entre la tradición y la modernidad, entre el entonces de la creación y el ahora de la interpretación: me apena la gente joven que no se atreve a ser personal en su recreación porque tiene miedo constantemente de faltar al respeto al autor y su vida musical consiste en respetar un campo de normas: los colegas profesores que fomentan ese error difícilmente pueden dar a luz a alumnos que crean en sí mismos. Por el contrario, nada me resulta más repelente, menos disfrutable que la música de aquellos para los que el compositor y su época no son más que una excusa para mostrarse mejor a sí mismos. 

Desde 2008 tengo en Pilar Vázquez una compañera de viaje de lo más inspirador. Casualidad o destino, la mezzosoprano de voz inmensa, talento y voluntades operísticas decidió dejarse enredar en una aventura distinta, de la mano de la pianista de dedos frágiles y amante de las pequeñas emociones. Las dificultades y trampas del camino no hace sino fortalecer nuestra decisión de caminar juntas. A ella, a nuestro trabajo juntas, los consideros uno de los más hermosos y preciados regalos que me ha hecho el Destino. 


Gracias a la Universidad de Salamanca en la que estudié Musicología rodeada de compañeros estupendos, jamás creeré en la Absoluta Supremacía De La Música Occidental. Estoy convencida de que cuanto mejor conozcamos las distintas aportaciones al patrimonio musical de todas las épocas y zonas del mundo, más ricas serán nuestras versiones, nuestras clases, nuestra evolución artística. 

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